lunes, 27 de diciembre de 2010

Las siete vidas de un gato (versión rojiblanca)

- Como bien sabe todo el mundo y como bien dice un dicho, un gato tiene siete vidas, cada uno las utiliza de una manera diferente, pues he aquí un caso muy especial. Un día un gato se dejó caer a la repisa de una ventana para cotillear lo que estaba haciendo un señor en su casa, el gato sabía perfectamente que no tenía posibilidad alguna de salir vivo, ya que solo podía tirarse desde lo alto de la repisa, pero no le pareció mal sacrificar una de sus siete vidas por cotillear a aquel hombre. Pues bien el hombre estaba sentado en el sofá y se le veía exaltado, estaba viendo la televisión en la cual el gato pudo apreciar que había un partido de fútbol, también vió al hombre con una bufanda de colores rojiblancos por lo que pudo concluir que claramente se trataba de un aficionado colchonero. El gato, muy curioso y cotilla, le picó el gusanillo de ver cómo acababa el partido y decidió ver el desarrollo de este. El partido acabó con victoria del equipo  contrario, el gato además no entendió como el hombre podía sufrir y gastar su tiempo viendo tal aburrimiento del partido, al mismo gato le dieron ganas de dormirse del juego que estaba haciendo el equipo del hombre. Visto esto el gato se tiró de la repisa y llegó a la conclusión de que había malgastado una de las siete vidas.

- Parecía que todo se quedaría así, pero no, otra tarde que el gato no supo qué hacer, decidió volverse a tirar a la repisa, para ver de nuevo otro partido, y así comprobar si el equipo era tan aburrido como le había parecido el primer día y el encontrar el por qué él hombre gastaba su tiempo viendo tal cosa. Al final de este partido el gato quedó sorprendido, el equipo del hombre había goleado al equipo rival, el juego había sido claro y contundente con contraataques bien llevados, el gato no podía salir de su asombro y no sabía que pensar, si el equipo era malo o sin embargo, si era bueno, por lo que tomo la decisión de que necesitaría otro partido para opinar. Se volvió a tirar por la repisa, ya solo le quedaban cinco vidas.

- Llegó su tercer día de partido, el gato estaba inquieto y pensativo, necesitaba saber que pasaría en él para así sacar conclusiones. Además ya no solo era por cotillear sino por intriga y curiosidad que lo necesitaba saber. Bueno, pues en este partido pudo ver como el equipo no se parecía nada al del fin de semana pasado, aunque en parte sí al del primer partido, y digo solo en parte porque el equipo había aburrido con su juego pero sin embargo la actitud que mostró en él fue agresiva, presionando y luchando cada balón, con garra y coraje, aun así no le sirvió para ganar, ya que falto calidad. El gato tras esto, se quedó aun más pensativo y dubitativo que antes. Se tiró por la repisa y ahora le quedaban cuatro vidas.

- El gato tenía claro que no sé podía quedar con esa duda tan grande, por lo que no faltó a una cuarta cita. Él era consciente de que cada vez le quedaban menos vidas, pero creía que le tendría controlado, cuando en realidad como veremos más adelante, no fue así, y no se guió solo por la curiosidad, sino porque ese equipo le había llamado la atención y poco a poco le quitaba más tiempo de su pensamiento. Bueno continuando con el cuarto partido, el gato pudo observar como el equipo ganaba, en una preciosa remontada que se ejecutó en los últimos instantes del partido, el gato quedó enamorado de la maravillosa gesta que había conseguido el equipo, ya que se enfrentaban a un grande. Su cabeza se llenaba cada vez de más preguntas que no tenían fácil respuesta, en el caso de que las tuvieran… Volvió a tirarse por la repisa para irse a reflexionar y ya, la cifra de sus vidas tan solo eran tres.

- Llegó un quinto día de partido, y el gato tenía muy presente aún la cita anterior, aun le quedaba adrenalina y emoción de ese bonito recuerdo. Seguía pensando que en breves se daría cuenta de si era un equipo ganador o perdedor. Pero lamentablemente para él esta no sería la noche en la que lo descubriría, el partido fue penoso, el equipo había salido desconcentrado y los errores se fueron sucediendo uno tras otro. Partido perdido y decepción. El gato esta noche no quiso pensar y se fue a dormir, pocas vidas le quedaban ya, en concreto dos.

- El gato decidió enfrentarse a su último partido, consciente que después de este tan solo le quedaría una vida, por ello tendría que decidirse tras él. De nuevo el partido fue un nuevo papel que no se pareció en nada a ninguno de los anteriores, el juego del equipo no brilló pero sin embargo se ganó por la mínima y sufriendo. El gato más confuso que nunca, estuvo horas y horas pensando en todos los partidos anteriores, y se dió cuenta de muchos detalles, como por ejemplo que en ninguno de los partidos se había repetido el mismo once, otro detalle era la distinta actitud de los jugadores, en unos partidos salían con garra mientras en otros dormidos y confusos. Pero esto, al gato no le ayudaba a decidir si este equipo era ganador o perdedor y que sistema tenía y el por qué  el hombre se emocionaba tanto viéndolo... Se tiró por la repisa y entró en su última vida.

- Tras muchos días pensando acerca de todo ello, no sacó ninguna conclusión en claro y viendo que se había descuidado mucho, y que había malgastado todas sus vidas, decidió olvidar el tema y aprovechar su última vida. Pero por mucho esfuerzo que puso no consiguió olvidarlo y dejándose guiar por el corazón decidió ver el último partido de su vida.

- Llegó la gran noche, y el gato se percato que todos los alicientes anteriores se repetían, distinto once, jugadores inestables de confianza… A priori todo tenía pinta de ser una noche negra y oscura… Pero el gato no se había percatado que en todo este tiempo que él no había estado siguiendo al equipo, había conseguido llegar a una final, y ese partido era aquella final. Miles de aficionados se habían desplazado para ver a su equipo hasta la ciudad donde se disputaba, aquello era una total marea colchonera por las calles, el sonido que se escuchaba tenía los acordes más bonitos que él nunca había escuchado, no solo era un himno de un equipo, se trataba de un himno de los que para muchos era una religión, una forma de vida… y eso se notaba. La final llegó a su fin, con un triste resultado, el equipo había dado todo en el campo, pero se perdió, el gato no entendía a toda aquella gente que se había desplazado hasta allí siguiendo a aquel equipo tan irregular e inconstante. El gato se quedó viendo la celebración del equipo rival, pero pudo observar como la afición colchonera coreaba más que nadie a su querido equipo, dando ánimos después de haber perdido una final… La confusión del gato cada vez llegó a más, hasta que por fin se dió cuenta de todo, el equipo no tenía sistema, no se trataba de un equipo ganador ni perdedor, sino de un equipo que era capaz de conseguir las cosas más difíciles y fallar en las más fáciles, de pasar a lo más alto a lo más bajo… Comprendió perfectamente el gran amor y cariño que los aficionados tenían a su club, tanto por los momentos  que el equipo los hizo sonreír, como los momentos en que los hizo llorar, entendió que era una gran pasión, una ilusión, un sueño y a la vez, una forma de vivir la vida. El gato finalmente murió, no por tirarse de la repisa, sino debido a la emoción de tal momento… pero consigo se llevó lo más grande que podría alcanzar, el aprender a amar de esa forma tan maravillosa.